Reflexionaba durante horas la verdadera razón que me llevaba a elegir estar solo. No me di cuenta en ese momento, que realmente estaba en ese estado porque buscaba un significado que lo explicara, había descubierto un círculo auto dependiente perfecto. Por suerte necesitaba relacionarme con algo más que la soledad y desarmaba de a poco, sin darme cuenta, aquel perfecto pero imaginario sentimiento de calma.
Vi muchas mas cosas de las que recuerdo, observaba por momentos aquello a lo que llamaba fragilidad o torpeza, reconocida por la falta de habilidad. No fui feliz y ni siquiera me acerque a ello, solo podía estar tranquilo.
Hoy no me conformo con aquello, que me parece tan lejano pero a la vez intento no olvidar. Aprendo que la felicidad no es algo con lo que uno nace, es algo que se consigue mediante el esfuerzo y la sensatez.
Quien me hace mal no es merecedor de mi lástima, pero si de mi comprensión.
sábado, 19 de septiembre de 2009
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